UNA WEB DE FRANCISCO MIRANDA AZURMENDI

DE TIMOS Y ESTAFAS

En España hemos inventado la picaresca, todo un género literario y todo un modo de vida para algunos. A medio camino entre el robo y la estafa, la picardía ha sido siempre muy útil para quienes no querían o podían ganarse la vida de otra manera. En esto solo se nos parecen los italianos, quienes quizás son incluso más hábiles.

Ejemplos hay a cientos y con relación a los temas más variados. El caso es obtener provecho sin esfuerzo y mediante el engaño o la ignorancia ajena. Ya en el Lazarillo de Tormes el protagonista utiliza variados trucos para comer y beber a pesar de la avaricia de sus miserables amos. Si es por subsistencia, no está mal vista la picaresca, pero cuando se trata de crear un modo de vida, la cosa reviste gravedad.

En esto de la Hostelería también hay que sufrir a los pícaros, que no del todo estafadores, pues procuran que sus fechorías no superen una determinada cantidad de dinero a partir de la cual sus delitos serían más graves. La cifra clave tope son los 300 euros.

Uno de los trucos más comunes para sacar la pasta al hostelero, particularmente el que se dedica al alojamiento, consiste en enviarle por fax una solicitud de reserva apetitosa, para varias noches y con pensión completa para cuatro o más personas. En el fax se pide la respuesta a otro número de fax que comienza por 90 y siguiendo por 6, es decir, un número con prefijo 906, procurando que el 90 vaya separado del cero lo suficientemente como para que no se note. El coste de la llamada depende de si el número posterior al 906 es un 3 o un 4, pero siempre muy superior al deseable, ya que por ese sistema, quien recibe la llamada ingresa dinero en su cuenta. Esto funciona como los teléfonos eróticos, a tanto el minuto, generalmente mucho, con beneficios a repartir entre Telefónica y el titular del número, yendo los gastos al incauto hostelero que remite el fax a un 906.

La misma jugada tiene picaresca extra cuando el fax procede del extranjero y debe responderse a un número tan largo como caro. Los timadores mandan el mismo fax a miles de establecimientos y se sientan a esperar el beneficio. A ellos les cuestan los envíos, pero la inversión les compensa.

El timo más corriente es el de cargar en la cuenta bancaria del hostelero abultados recibos en concepto de servicios nunca solicitados. No se extrañe el lector de que alguien conozca su número de cuenta, ya que se facilita a proveedores y clientes para efectuar pagos. Normalmente es posible hacer que el banco devuelva el recibo, pero hay que actuar con agilidad. Generalmente se trata de supuestos gastos en publicidad.

Diariamente se detectan miles de llamadas en los hoteles españoles preguntando por el director del establecimiento. No pocas veces esas llamadas proceden de un número oculto. Ahora que el servicio de identificación de llamadas es gratis, resulta pecado no ver quien llama. Si alguien se escuda en el anonimato, lo mejor es no coger siquiera el teléfono. Pues bien, muchas llamadas ofrecen la posibilidad de anunciarse en revistas de teórica gran tirada y que se distribuyen entre cuerpos de seguridad del estado, asociaciones y colegios profesionales prestigiosos e incluso Ministerios, como el de Hacienda, que no publica ninguna revista. Al posible timado le suelen pedir unos 240 euros en concepto de anuncio, argumentando que le va a ver muchísima gente y que será un gran empujón para su facturación, Otras veces se ofrece aparecer en una guía especializada muy famosa.

Con esta gente hay que actuar de la siguiente manera: Lo primero, pararles los pies cuando empiezan a hablar a toda velocidad. Tienen una técnica muy estudiada y casi no dejan hablar. Hay que interrumpirles pronto y preguntarles de qué empresa llaman; curiosamente, la mayor parte de llamantes se niegan a facilitar esa información con cualquier excusa. Sospechoso que ellos sepan a quien llaman y usted no tenga ni idea de con quien está hablando. Insista en saber quiénes son, cuál es su dirección postal e incluso el NIF, que le será muy práctico para desvelar quién pretende sacarle los cuartos. Si le dicen que publican una revista o una guía, exija que le envíen un ejemplar por correo postal. Aunque a veces las revistas sí se editan, no siempre se distribuyen, pues basta con mandar un ejemplar a cada anunciante para que vea que ha invertido bien el dinero. Editadas y distribuidas, no siempre son leídas, aunque se imprima un millón de ejemplares, pues los contenidos pueden consistir en cientos de anuncios sin nada más que pueda apetecer al lector. Ojo, en este caso no hay timo ni estafa, sino simple aprovechamiento pícaro, pues al cliente se le da exactamente lo que se le promete, obviando que el título de la publicación no se corresponde con el público al que debiera ir destinado. Otra cosa es que el dinero gastado no sirva para nada.

Para los llamantes puede ser fácil inducir al engaño con nombres rimbombantes que parecen creíbles y son falsos, pronunciados a toda leche para que no se note la palabra que no encaja. Puede contestar sistemáticamente "no nos interesa" varias veces hasta que los desmoralice. Hágales gastar saliva y teléfono improductivamente. Solo usted decide la publicidad que le interesa, sin presiones externas con argumentos como "estamos cerrando el número de este mes". Puede haber gente legal en estos temas, pero escasea.

Un ejemplo curioso es el de un creador de un portal de Internet sobre una determinada comarca. El autor ha diseñado una web con buenos contenidos y ofrece a los establecimientos de la zona un anuncio permanente con cuotas anuales. Cuantos más restaurantes u hoteles se anuncien, mejor para el informático y peor para los establecimientos, pues se les verá menos entre tanta competencia. El argumento básico para convencer a un hostelero es que los de al lado ya se han anunciado. El miedo a perder ventajas competitivas es alto y se acaba por pagar. Lo gracioso es que en el caso que conozco, se cobra la cantidad de 50 euros anuales, que es muy poquita cosa y a pesar de la no exclusividad, se rentabiliza la inversión muy pronto. El creador de la web se gana un dinerillo anual sin esfuerzo y sus clientes hosteleros también tienen beneficios. No suelen abundar estos casos en los que el beneficio es para quien paga y para quien cobra.

Con más cara dura actúan portales de Internet que argumentan contar con cientos de miles de visitas para convencer de las bondades de su publicidad. Aquí el anuncio puede salir carillo y no hay timo ni estafa sino precio desmesurado y sin ajuste alguno a la rentabilidad posible.

He insistido siempre en que la mejor publicidad es la calidad. No deje que le engañen con promesas fastuosas. Todos sabemos que salir en la guía de Campsa es fantástico, pero nadie le ofrecerá anunciarse en ella, pues son los autores los que deciden quién sale; lo mismo vale para la Gourmetour, la Michelín o la de García Santos. Aparecer en guías como esas solo se logra haciendo bien las cosas y no pagando.

No interprete el lector que me niego en redondo a la publicidad. Soy ferviente defensor de Internet y creo en ese sistema por su escaso coste y elevada rentabilidad. Cada día hay más picaresca y hay que estar atento porque siempre nos pueden superar en nuestra prudencia con nuevas triquiñuelas.

El caso más peculiar que recuerdo fue el de una guía en la que se anunciaba media provincia y que estaba hecha a base de copiar literalmente otras guías. Un día vino la Guardia Civil y decomisó todos los ejemplares. El libro estaba incluso muy bien, casi parecía una enciclopedia. Aquello debió ser una mina durante un tiempo pero acabó saliendo mal, porque no se puede plagiar tan claramente.

Recuerde, aunque a usted le guste o interese su anuncio, a los lectores no les importa nada, a no ser que ofrezca algo interesante. Eso sí, esté a bien con la prensa, que trae cuenta… Hay gente que tiene que comer gratis para escribir bien sobre un restaurante. Ese es otro tipo de picaresca sobre la que no hace falta hablar.

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