UNA WEB DE FRANCISCO MIRANDA AZURMENDI

EL MENÚ INFANTIL Y LOS GRANDES OLVIDADOS

En España no es que seamos unos grandes comilones sino que nos gusta mucho comer mucho y bien. Dicho así parece un juego de ideas, pero no es lo que parece. Tenemos una cultura gastronómica y nos gusta inculcarla a nuestros descendientes, lo cual es muy correcto y nos distingue a nivel mundial. Otra cosa ocurre cuando la familia se desplaza a un restaurante para consumir y gastar. Sabemos de buena tinta que los niños son extremadamente conservadores y rígidos en sus gustos, de modo que cualquier variación sobre los sabores caseros les produce gran frustración.

 

Escasos son los establecimientos que ofrecen menús adaptados a la clientela infantil, de modo que los padres recurren a soluciones como platos de la carta o bien a solicitar cubierto para el ni o, que comparte la comida de sus padres. Esta situación lleva demasiado tiempo así como para cambiar las costumbres de la noche a la ma ana. Los niño no pagan pero gastan y pueden ser muy influyentes en el seno de la familia española actual. Todos conocemos las imágenes de familias enteras merendando en una hamburguesería de grandes cadenas, simplemente por que a los chicos les gustan los menús completos con regalo de enganche.

La hostelería tradicional debe y puede adaptarse a los nuevos tiempos, en los que el llamado "fast food" o comida rápida está avanzando lenta pero inexorablemente. Lo que más interesa de estos estableciemientos no es precisamente la rapidez con la que transcurre la colación, sino la excelente relación calidad-precio y la seguridad de encontrarse ante un producto estandarizado y garantizado. Quizás en Europa la premura es vital, dado el escaso tiempo concedido para la comida, pero en nuestro país estos locales se nutren de una clientela joven poco frecuentadora de restaurantes.En el norte, la afición a la gastronomía como deporte nacional de los habitantes de la cornisa hace difícil que prosperen las cadenas multinacionales, pero el peligro está ahí. El restaurador debe considerar a los niños de hoy como futuros clientes y debe satisfacerles en la misma medida que a sus padres, por la cuenta que le trae.

 

De la misma manera que se ofrece un menú del día por imperativo legal, podemos tomar la decisión de ofrecer un menú infantil a precio competitivo, con un dise o a la medida del ni o, consistente en un plato combinado con cinco componentes a elegir entre un total de diez. Añadamos un postre sencillo y un refresco para obtener un resultado adaptado a la realidad. Muchos opinarán "eso ya lo hacemos, no es ninguna novedad", pero hay que recordarles que no basta con servir comida, hay que anunciarla, ofrecerla, presentarla, sugerirla, venderla desde el escaparate. Con el menú infantil nos garantizamos unos ingresos y la fidelidad de las familias, evitando situaciones extra as como "un menú del día con dos cubiertos" o "los dos niños comen de lo nuestro". Un menú infantil puede sugerirse a distintos precios, regulables en función de la cantidad de niños. Ejemplo:

Padres tomando menú de 1100 pts cada uno, primer ni o paga 695 pts, segundo ni o paga 495. En estos casos el consumo de los chicos deja poco margen pero atrae irresistiblemente a los padres. Todo esto en el caso de que el restaurante admita clientela infantil o desee tenerla. Otra oferta cautivadora es obsequiar con el menú infantil a la pareja de padres que consuma a la carta ( un mínimo de 5000 ptas, por ejemplo).

En resumen, un menú infantil nos permite aumentar la facturación y ambientar el comedor. Los motivos por los que una pareja puede elegir un restaurante que ofrezca esta posibilidad son muy concretos: satisface a toda la familia por completo y permite ahorrar sabiendo el gasto de antemano.

No dejaremos de insistir en que la carta y los menús deberán ser muy visibles desde el exterior. Los habituales deciden desde casa pero los paseantes deben ser atraidos. Expresiones como "oferta", "precio especial", etc, son muy llamativas no suelen fallar. Los pubilcitarios saben que hay dos palabras mágicas como "nuevo" y "gratis" que mantienen su gancho.

En Francia e Inglaterra los niños son clientela VIP en muchos negocios, puesto que los jóvenes son escasos, muy mimados y con poder de decisión, entanto que los padresdesean fórmulas para la familia entera.

De cara los próximos años nos encontraremos con generaciones de hijos únicos y grupos familiares muy reducidos. Para ellos y también para las grandes familias, buscaremos soluciones que les animen a comer fuera de casa. Todavía hay padres con cuatro hijos a los que no les apetece entrar en un restaurante. La incertidumbre de no saber exactamente cuanto se va a gastar es muy dura. Dando un traje a medida nos ganaremos al cliente y a sus descendientes. Y si la cuenta es alta, nada mejor que unos detallitos para los chavales: pegatinas, bolígrafo, globos, gorra, etc. No cuesta mucho y nos hace quedar bien. No se trata de convertir el comedor en un festival infantil pero sí de hacer que los niños y sus padres queden satisfechos. El gusto infantil por los alimentos depende mucho de su presentación en formas alegres y colores vivo, por lo que la cocina se esforzará en presentar estos platos de forma llamativa y con componentes asequibles: croquetas, empanadilas, patatas paja, hamburguesas, pollo, etc.

En conclusión, un menú infantil triunfa y ayuda a prosperar. Nada mejor que probar el funcionamiento de esta propuesta y luego obtener conclusiones. Es poco el esfuerzo y grande el beneficio. No olvidemosque algún día esos chicos volverán con sus hijos al lugar donde fueron felices comiendo.

 


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